“Sin lugar para los débiles” ( o lo que debería preocuparnos)

Abril 8, 2008 | Pablo S. R. | Cine

Frente a una película, un libro o una pintura, se sabe que puede haber muchas lecturas incluida aquella en que el hecho estético, (objeto) no solo dialoga con el sujeto sino que incluso lo interpela y lo obliga a decidir que tome partido. Resulta que la ficción no solo es un producto de la imaginación sino también una estela pegajosa en la pared dejada por esa babosa real de la realidad que a veces no vemos porque no abrimos los ojos y otras veces no queremos abrirlos para negarla. La ficción existe más allá de la realidad. Como las antiguas pitonisas griegas, loa creadores de ficción recaban, sonsacan, interpretan todos los aspectos de la civilización en que viven, esto ha sido así y seguirá siéndolo. El hecho estético es siempre una mirada distinta, es la otra mirada. Con esta película, los hermanos Coen Ethan y Joel, se adentran en el submundo caótico de la violencia del país más rico (se autodenomina el motor del mundo) y armado. El país de las exageraciones: la gente más rica, la ciencia y la tecnología más adelantada y también el país más armado del mundo. Allí donde cada tanto hay masacres de estudiantes hechas por otros estudiantes armados con rifles, donde las guerras preventivas se hacen por las dudas y siempre sin claros fundamentos, guerras que engendran más guerras. Un país donde cualquiera puede hacerse de una AK47, una metralleta a repetición o cualquier artefacto bélico sofisticado.

Pero además de eso si todo se mixtura con la expansión mafiosa de las redes de las drogas más pesadas igualmente armadas y con poder cada vez mayor y se adereza con los antiguos combatientes de Vietnam, Afganistán e Irak ( con los deseos de venganza y muerte aún intactos) y no solo en la película que se desarrolla en los 80, también hoy permanece la sed de exterminio, sea quien sea. Como si esa herida vietnamesa etc. no pudiera cerrarse y entonces, ahora la violencia se justifica a partir del atroz atentado de las torres gemelas y el miedo perpetuo al terrorismo promovido desde el gobierno como una forma de control del pensamiento instalado en la sociedad estadounidense que una vez más justifica la tenencia de armas y nuevas guerras preventivas. ( preventivas de que no se fundan las fábricas de armas) Así nace la sociedad del miedo y la violencia contenida que en cualquier momento sale de cauce con resultados incontenibles.

Sin lugar para los débiles se basa en una novela de Comarc Mcarthy, escritor que según dicen es heredero inequívoco de la vieja estirpe estadounidense que pasa por Ernest Heminway, William Faulkner. Con l título extraído de un poema de W.B. Yeats, Hacia Bizancio: “Aquél no es un país para hombres viejos”.

La película comienza a ser narrada por el sheriff ( El sheriff Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), hijo y nieto de los sheriff de un condado en Texas, uno de esos antiguos sheriff que imponía su autoridad solo con la estrella plateada adherida a la campera, sin necesidad de llevar su arma. Pero en los últimos tiempos de su carrera, el mundo de la droga y la violencia parece no dejarle lugar a él que es y se siente un débil. En un momento en que regresa a la casa de un viejo paralítico que vive con innumerables gatos y buen desorden allí en ese espacio en el que tal vez sea lo poco que queda de lugar para los débiles, dice el sheriff: “Lo que va a venir no se puede parar” Dicho de otra manera el mundo cambió tan rápido y él , el sheriff ya está fuera de ese mundo. No hay lugar para la marcha atrás. Porque en los tiempos actuales el viejo mundo de los sheriff empieza a ser rebasado por las mafias de las drogas en el límite con México. Aparece gente sin escrúpulos (Anton), que juega el juego perverso de elegir si mata o no a otra persona preguntándole “¿Cara o cruz?” No se trata solo de que éste no sea un lugar para los débiles, ni para los viejos como dice el título en inglés (No Country for Old Men) sino que ése mismo lugar representado por ese pueblo limítrofe con México (El Paso) se ha transformado en un lugar diferente al que era antes, y no solo para los viejos. Pero lo grave es que ese pueblo es la representación de la sociedad estadounidense. No hay marcha atrás.

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Llewelyn Moss (Josh Brolin), un veterano de Vietnam sin suerte de la caza de antílopes encuentra en un paisaje desolado y lleno de mejicanos muertos, un cargamento de heroína y una valija con más de dos millones de dólares. A partir de ese momento cuando, en la noche, regresa a darle agua al único mejicano que sobrevive y le pide agua

Comienza el horror en cadena de asesinatos y la huída de Llewelyn con su valija de dos millones de dólares. Aquí la compasión al menos con retraso, parece existir.

Anton Chighur (Javier Bardem) (por cuya actuación ganó el oscar al mejor actor de reparto) es el psicópata homicida que mata con absoluta impasibilidad, siniestro y sin culpa alguna mata cono un autómata cuya lógica resulta imposible de entender, representante de la muerte sin motivo. Quizás la muerte sea su motivo. El último asesinato que realiza es el de la mujer de Llewelyn Kelly Macdonald (Carla Jean Moss) La mata porque prometió matarla no porque la mujer sea un peligro para él la compasión no existe en un hombre entrenado para matar. Existe el deber de cumplir lo prometido, la muerte. Otro sicario lo define como peor que la peste bubónica. Es probable que en este mismo momento, otros Anton caminen sueltos y sin control por ese país que no da lugar para los viejos ( los que antes ocuparon esos lugares).

Caminen como ciudadanos comunes por las penumbras de pueblos y ciudades de Estados Unidos y ese es el verdadero peligro el que está dentro de ese país, no fuera. Y si no miren, Bowling for Columbine de Michael Moore. Oscar a la mejor película documental año 2003) las conclusiones son claras. Lo ominoso de lugar para los débiles es el final abierto y con Anton maltrecho pero caminando, él, el representante siniestro, es uno de los únicos que, al fin de la película, sigue vivo. Y aparentemente es indestructible. (¿No recuerdan a Terminator?) Eso debería preocupar.


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