De Epícteto de Frigia y una forma de entender la felicidad,(o Kafka,LaMuralla China y la memoria).

Mayo 16, 2008 | Pablo S. R. | General, Literatura, Opiniones y otras verdades

No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz. EPICTETO DE FRIGIA
¿La felicidad se trata de una suerte de resignación? ¿Quizás de una falta de deseo o tal vez de cierta incapacidad de decir que no al desagrado, el hambre, la tortura y a todas las formas de violencia y calamidades, vengan de donde vengan? La aseveración de Epícteto, con todo el respeto que me merece este filósofo estoico tiene un retrosabor margo a masoquismo pasivo. Además padece del conformismo servil que no admite giros y revoluciones, las buenas revoluciones, las que hacen los que piensan, no la de los fundamentaslismos ortodoxos, las de esos que como decía el cuento de Kafka “La construcción de la muralla china” pasaron años y los hombres seguían erigiendo aquella meta inhumana–algunos dirían ciclópe– si saber cuál era el motivo de su construcción pues, con el tiempo, las distintas generaciones de constructores, solo sabía que debían continuar la obra iniciada por los abuelos de sus abuelos. Varias generaciones habían olvidado que el objetivo de la muralla era detener el pasaje de las hordas bárbaras, tribus de mongoles montadas a caballo que durante décadas asolaron los reinos chinos.
Si el emperador Qin no la hubiese mandado a elevar, no es difícil imaginar lo poco que quedaría de los inicios de la vieja China. Por suerte, no pensó que lo que debía producirse, pasaría. A su manera, Qin hizo una revolución. Lástima que olvidó que el olvido mataba más hombres que las hordas del norte. Sin embargo, La Construcción, actualmente catalogada como una de las siete maravillas del mundo, también es un monumento a la perpetuidad, una metáfora de la memoria.
En fin, parecería que esa delgada capa que en los hombres separa la frágil memoria del olvido, de pronto, sin hablamos de la memoria –o mejor la Memoria– del Hombre, se transforma en un dique indestructible, una defensa inexpugnable contra el viento del tiempo y el agujero negro del olvido.
PABLO S. R.


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